Cuando el silencio tiene voz

La soledad deja de ser incómoda cuando el silencio ya no pesa.
Y es que, cuando aprendemos a estar cómodos con nosotros mismos, comenzamos a descubrir que nuestra propia compañía no es algo incomodo de soportar, sino un espacio al que siempre podemos regresar.
A lo largo de nuestra historia compartimos el camino con muchas personas; algunas permanecen durante años, otras nos acompañan solo por un tramo y algunas dejan huellas que nos acompañan mucho después de haberse ido. Pero hay una presencia con la que inevitablemente transitamos cada capítulo de nuestra vida: nosotros mismos.
Quizá por eso vale la pena aprender a disfrutar de nuestra propia compañía. No como una forma de aislarnos del mundo, sino como una oportunidad para encontrarnos con él desde otro lugar. A veces, basta con guardar silencio y permitirnos esos pequeños espacios en los que podemos bajarle el volumen al mundo, dejar a un lado las prisas y las expectativas, para simplemente estar.
Sin la necesidad de llenar cada instante con una conversación, una pantalla, una canción o cualquier otra distracción que nos aleje de lo que sucede dentro de nosotros.
Porque estar a solas no necesariamente significa sentirnos solos. A veces, significa darnos permiso de descansar de todo aquello que reclama nuestra atención y regalarnos un momento en el que no tenemos que demostrar nada, resolver nada ni convertirnos en alguien distinto.
Y quizá sea entonces cuando comenzamos a descubrir que el silencio no es necesariamente un vacío que debemos llenar. Que también puede ser un espacio que nos abraza, que nos permite respirar y en el que podemos encontrarnos con pensamientos, emociones y sensaciones que el ruido cotidiano suele dejar en segundo plano.
Tal vez no siempre encontremos tranquilidad. Quizá aparezcan preguntas, recuerdos o sentimientos que no sabíamos cómo nombrar. Y está bien. No todos los encuentros con nosotros mismos tienen que ofrecernos respuestas; algunos simplemente nos invitan a mirar con un poco más de atención aquello que llevamos dentro.
Y ahí, en la soledad de ese encuentro íntimo con nosotros mismos, podemos descubrir algo que quizá siempre estuvo ahí, esperando a que hiciéramos una pausa para escucharlo.
Que el silencio también tiene voz.
Nuestra propia voz.
Sergio César 🫰🏽
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