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Hojas de suculenta

#naturallmente

LO QUE CARGO CONMIGO

Foto del escritor: Sergio Velázquez
Sergio Velázquez
19 oct
3 min de lectura

Actualizado: 22 oct


Cuando hablamos de lo que llevamos en la mochila, solemos pensar en todos esos elementos físicos que necesitamos para sobrevivir en el camino: agua, comida, ropa, herramientas y algunas cosas que pueden hacer nuestro recorrido más cómodo y seguro.


Pero hay otro equipaje del que pocas veces hablamos; uno que no aparece en ninguna lista de senderismo y que, sin embargo, puede llegar a pesar mucho más que todo lo que llevamos a nuestras espaldas.


Las expectativas que ponemos sobre el camino, los miedos y las inseguridades. Las preocupaciones, los pendientes y todas esas cosas que cargamos por dentro, incluso cuando nadie más puede verlas.


Durante mucho tiempo, yo también cargué con más de lo necesario. Expectativas sobre cómo debían suceder las cosas, la necesidad de mantener el control y el miedo a no ser suficiente. Sin darme cuenta, buena parte de mi energía estaba puesta en intentar que la vida se pareciera a lo que yo había imaginado, en lugar de aprender a vivirla tal como se presentaba.


¿Cómo he logrado vaciar parte de ese equipaje mental y quedarme con lo elemental?


La verdad es que no ha sido fácil; han sido años de terapia, libros de desarrollo personal, kilómetros y kilometros caminando y, por supuesto, muchas horas de meditación. Un proceso que, visto desde fuera, podría parecer abrumador o excesivo, pero que ha sido necesario para aprender a mirar y caminar el mundo desde una perspectiva mucho más ligera y sana.


Con el tiempo, he comprendido que las expectativas nos hacen imaginar cómo deberían suceder las cosas; que la necesidad de control aparece muchas veces cuando intentamos obligar a la realidad a ajustarse a esas expectativas, y que, en ocasiones, detrás de todo ello se esconde el miedo de que las cosas no salgan como esperamos y eso signifique que no soy suficiente.


Hoy ya no camino buscando dónde refugiarme de mis heridas y mis traumas. He aprendido a mirarlos, reconocerlos y convivir con ellos desde otro lugar. No porque hayan desaparecido, sino porque ya no necesito relacionarme con ellos de la misma manera. También he aprendido que no todos los caminos tienen que llevarme al lugar que imaginé, que soltar el control no significa rendirme y que mi valor no depende de cuánto consigo, de qué tan lejos llego ni de cuántas expectativas soy capaz de cumplir.


Cuidar de mi salud mental y emocional se ha convertido en parte de mi diario andar. No porque tenga todo resuelto, sino porque he decidido hacerme responsable de mi propio proceso y trabajar en aquellos aspectos de mi vida que necesito cambiar, comprender o aceptar. Y aunque todavía hay cosas que estoy aprendiendo a soltar, hoy mi mochila pesa mucho menos.


No porque lleve menos historia conmigo, sino porque he aprendido a caminar con ella de otra manera.Porque caminar más ligero no significa dejar de sentir, olvidar lo vivido o fingir que nada duele. Significa aprender a distinguir entre lo que necesitamos llevar con nosotros y aquello que podemos permitirnos soltar.


Significa entender que no necesitamos tenerlo todo resuelto para seguir avanzando, ni convertirnos en alguien más para reconocer que ya somos suficientes. Quizá esa sea una de las cosas más valiosas que me ha enseñado el camino: no se trata de caminar sin cargar nada, sino de aprender qué merece realmente la pena llevar conmigo.


Hoy, mi mochila pesa menos. Y yo camino más ligero.


¿Y tú? Cuando caminas por la vida, ¿Qué estás cargando que quizá ya no necesitas llevar?


Sergio César 🫰🏽



 
 
 

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